16 de diciembre de 2005

Cursilerías

Ya hace casi dos meses que no publico nada y ahora me atrevo a hacerlo movido por el empujoncito que me ha dado una amiga bloguera. No he vuelto a escribir desde que un día, releyendo lo que he escrito hasta ahora, tomé conciencia de que a veces escribo a lo cursi. Yo, el adalid de la escritura fría, el que siempre habla en contra de lo kitsch y lo hortera, enfrentado al hecho incontestable de que a veces me pongo tonto y me salen unas cosas de las que puedo avergonzarme a los tres días. En el fondo no dejo de ser un escritor que en algunos momentos termina ocultándose detrás de buenas palabras o, lo que es peor, alzándose sobre pobres ideas expresadas con pedantería.
De todos modos dejar de escribir sería un error. Lo difícil no es escribir, sino admitir que a veces puede uno escribir de un modo cursi; exponerlo ante el mundo (para eso son los blogs) y seguir escribiendo, a pesar de todo, para conseguir en algún momento que lo que hago se parezca a lo que soy (o a lo que creo que soy, que también definir eso tiene tomate).
Sirve el presente escrito de catarsis y corrección de rumbo.
Tampoco en esta ocasión estoy seguro de no haber caido en lo que critico.
Pero sigo escribiendo.