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2 de septiembre de 2010

Se va la Transversal

La noticia de su marcha me hizo pegar un respingo en la cama y no es que no durmiera la noche en que Paco Tomás la dio, pero me costó un poco más de lo habitual retomar el sueño (también es verdad que estaba de vacaciones en Jaca y en el hotel, aparte de extrañar la cama, las tuberías del agua caliente, que pasaban por el suelo, se dilataban y se contraían, haciendo ruido y caldeando el ambiente de la habitación, ya calentito de por sí, hasta convertirla en un trasunto de sauna sueca). Por algún extraño motivo desde que escuché el primer programa de La Transversal me parecía que mi pensamiento y el de los creadores del programa estaban conectados hasta el punto de que chistes e ideas absurdas que yo había imaginado pero no contado a nadie porque nadie las entendía, aparecían de repente en boca de Chisca o de Paco Tomás. Eso me ayudaba a pensar que yo no era tan raro y que algún dios bienintencionado me daba la oportunidad de expresarme sin tener que molestarme en escribir o hacer un programa de radio. Llegué incluso a pensar en ponerme en contacto con ellos para darle la réplica a Chomsky, al que yo ya había imaginado hacía tiempo pidiendo dos cañas en la cervecería de la esquina, o proponiendo a Chisca, cuya voz resonaba en mi interior mucho antes de que pudiera escucharla por antena, alguna leyenda urbana para que me diera su dictamen. Todo eso se acabó sin embargo y ahora me siento frustrado. El mundo me parece un poco más mediocre que ayer.

P.D.: Me entero por el blog de Paco Tomás de que sigue en la casa en dos programas. ¡Me alegro mucho!

26 de octubre de 2005

Las desconexiones locales me ponen nervioso

Escucho la radio todas las mañanas y cada vez que hay una desconexión local me pongo nervioso. ¿Las causas? Por un lado escucho una cadena nacional que emite desde Madrid o Barcelona para saber que estoy en un mundo amplio, para salir por unas horas de esta ciudad pequeña donde me afixio bastante a menudo. La desconexión local me recuerda que estoy aquí y me cierra por un momento la ventana que he abierto.
No me gusta, por otro lado, cómo se hacen los noticiarios locales. La música que usan es radicalmente diferente de las habituales de la cadena. La música que han escogido para el local es pesada, antigua, cursi. No deja de sonar mientras leen las noticias, como si tuvieran miedo de que la realidad que cuentan se les fuera a rebelar sin no la mitigan de ese modo. Luego, cuando leen la prensa local del día cambian la música y ponen de fondo una melodía de nuevo antigua, de nuevo pesada, más cursi, si cabe, que la anterior.
Las desconexiones dedicadas a publicidad me dejan aún peor. La lectura de los textos, que, sin ser brillantes, son correctos, tiene un tonillo cantarín y un tanto gritón que llega a hacerse molesto por repetitivo. Todo se lee igual, como si fuera lo mismo un coche que un bote de pinturas. Así se pierde la capacidad de los textos para convencer a los oyentes. La realización es básica: en muchas ocasiones una música de fondo escogida sin pensar demasiado y la voz por encima. Supongo que los que contratan la publicidad están contentos sólo con escuchar el nombre de su empresa en la radio, sin pararse a pensar si la manera en que aparecen es la más conveniente.
Me conecto a Internet para ver cómo son las cosas en la emisora local desde donde se emite el programa. Tal vez sea cuestión de que no hay otra forma de hacer las cosas y yo estoy equivocado. Tal vez allí también encontraré las voces chillonas y repetitivas. No, no me equivoco. Quizás sea porque en la capital tienen que competir con otras emisoras dispuestas a comerse su parte del mercado o porque hay profesionales más creativos o más preparados, no lo sé. El caso es que los anuncios son agradables: están bien leidos, bien actuados, bien realizados. No destruyen la ilusión de que el mundo es grande y está lleno de posibilidades.
Me gusta escuchar la radio tal y como la hacen en la capital. Creo que es porque me cuentan la historia que yo quiero escuchar. Una historia que no es más verdad que la que escucho en la emisora local -de hecho, tal vez lo sea menos-, pero que me deja mucho más tranquilo porque me permite seguir pensando que un día me decidiré a salir a buscar un lugar más libre, más hermoso, más dinámico y más amplio donde vivir.