6 de junio de 2006

Caracoles y cabrillas

A los caracoles grandes se les llama cabrillas en Sevilla y Cádiz. He estado allí (en Sevilla) esta semana pasada para presentar la película El proyecto Manhattan. He vuelto a comer cabrillas en salsa en dos bares de la ciudad y he visto a los vendedores de caracoles en mitad de la acera con su báscula y los bichos vivos saliéndose de la caja mientras ellos esperan sentados a que alguien les compre. Llevo tanto tiempo en Salamanca que la imagen me ha parecido ajena. Aquí no hay caracoles ni cabrillas en los bares y mucho menos vendedores pacientes sentados debajo de una sombrilla. Uno de los pocos placeres que no son universales en una lugar que se resiste como pocos a la dominación de los restaurantes en cadena, iguales a sí mismos en todo. Camino, camino y camino por una ciudad que no se me termina a los veinticinco minutos y vuelvo a comer (otra vez, sí) cabrillas, caracoles grandes y rayados. Los pequeñitos, que se hacen en un caldo con aromas de menta, hinojo, guindilla y pimienta los dejo para otra ocasión. Mientras tanto dejo la foto de sus restos calcáreos como testimonio y como recuerdo mientras llega el momento de otro viaje al sur, el único lugar del mundo donde pueden comerse cabrillas en salsa.

Añadido el 30 de julio de 2008:

Me escribe Juan Moreno Gómez, más conocido en Los Palacios, municipio de Mula (Murcia), su pueblo natal como Juan el Caracoles para hacerme algunas apreciaciones por correo, pero sin ponerlas en comentarios y por eso las copio y pego a continuación, aparte de animaros a que visitéis su blog, que aparece más adelante:

Distinguido señor:
Permitame el atrevimiento de hacerle una pequeña aclaración a lo leido en su blog, que no tiene más intención que enriquecer, los conocimientos que usted ya tenga a cerca de los caracoles CABRILLAS.
Usted dice que las cabrillas solo se consumen en un solo lugar en el mundo, en el sur.
Permitame decirle que las cabrillas se consumen casi en todo el mundo, ya que soy autor quizás de esa salsa que a usted le ha gustado tando y que vende en toda España y portugal, aunque especialmente en: MALAGA, SEVILLA, VALENCIA, GERONA, MURCIA, PALMA DE MALLORCA y por supuesto en mi casa tambien se consume ya que como le he dicho soy autor de una salsa para caracoles UNICA en su genero, además de ser autor de 6 libros de gastronómia, entre ellos un recetario de caracoles (único que yo sepa).
Si quiere usted entrar en mi blog, verá la veracidad de este sano comentario.
Como yo soy un aprendiz de internauta le digo como puede acceder a mi blog
caracolesjuan.blogspot.com
Y por ultimo decirle que si viene usted por Murcia queda invitado a degustar mis caracoles y de paso me da usted su valiosa opinión.
Saludos cordiales


28 de mayo de 2006

Pan para pájaros

Vivo cerca de los pájaros. Por eso sé que las golondrinas dan vueltas y vueltas toda la mañana, lo más seguro es que alimentándose de las móscas que ahora son tan abundantes. De cuando en cuando alguna cigüeña cruza también el cielo. Los gorriones y esos pájaros negros de los que no conozco el nombre (tal vez debería preguntar a alguien de aquí) aparecen en cualquier momento. De hecho, he puesto un poco de pan en el alféizar para que coman. Los gorriones vienen y suelen quedarse unos instantes, hasta que se dan cuenta de que yo estoy ahí, detrás de la ventana, observándolos. Entonces toman con el pico un trozo pequeño de pan y salen volando. Los pájaros negros (definitivamente tengo que preguntarle a alguien el nombre) son mucho más desconfiados. A veces se posan sobre las tejas y se van acercando poco a poco a la ventana pero si notan el más leve movimiento se marchan. Alguno, sin embargo, ha sido capaz de llegar volando hasta tomar un trozo de pan más o menos grande y, sin pararse, llevárselo rápidamente. Me pregunto si los pájaros tendrán memoria, si recordarán el lugar de donde se llevan el pan para volver al día siguiente. En cualquier caso estoy seguro de que si un día dejo de poner la correspondiente ración de migas en mi ventana, no aparecerán picoteando los cristales exigiendo que coloque, como cada mañana, los restos de pan del día anterior para que ellos, pájaros de costumbres, no vean destrozada su rutina; ni se sentirán tristes y desgraciados porque no encuentran el pan que un día tras otro les dio la providencia. Lo más probable es que vuelen a buscar otros alféizares donde alguien, seguro, ha puesto un poco de pan para los pájaros.

Desde mi ventana (nada becqueriana)


Esto se puede ver desde mi ventana. Agradable ¿no? Seré sincero; en realidad para poder ver esto hay que asomarse en determinada posición. De frente sólo veo una grúa y tres chimeneas bastante feas. Pero me tranquiliza saber que, para ver algo bello, sólo tengo que forzar un poco la postura del cuerpo. En otros momentos, cuando no tengo mi ventana por delante, a lo mejor mientras espero para enviar un paquete en la oficina de correos o a que terminen de prepararme un kebab en el restaurante turco, sólo tengo que forzar un poco la postura de la mente (no me atrevo a decir del alma) para encontrar belleza. Y eso también me tranquiliza.

Desorden creativo


He desenterrado las espigas de desorden que había en mi salón y las he dejado acumuladas en la mesa pequeña. Ha sido cansado. He tenido que separar lo útil y lo inútil de cada uno de los rincones y eso supone tomar decisión tras decisión sobre el lugar que debe ocupar cada objeto. Al final, sobre la mesa central han quedado los restos de aquello que no tiene su sitio definido. Debo, no obstante, encontrar cuanto antes un espacio para esas plantas. De lo contrario volverán a echar raíces y terminarán por hacer que el desorden vuelva a crecer. Lo sé porque ya me ocurrió antes: la última vez que puse orden en este cuarto no me di cuenta de que dejaba, entre unos papeles que abandoné en la estantería, una semillas pequeñas pequeñas de ese desorden que hoy he tenido que volver a arrancar.

18 de mayo de 2006

Teatros que se cierran: especulación inmobiliaria

Otro teatro que puede desaparecer. Esta vez en Madrid. Los ciudadanos no podemos quedarnos parados ante la presión inmobiliaria de los que ganan cada día más gracias a los que tenemos cada día menos. Tenemos derecho a mantener nuestra cultura. Tenemos derecho a que no se cierren nuestras salas.

No al cierre del Teatro Bretón en Salamanca.

Por la rehabilitación del Juan del Encina de la Universidad de Salamanca.

No a la desaparición del teatro Albéniz de Madrid.