29 de octubre de 2005

La cobertura de los móviles y la cumbre

Día 1 de octubre: paseo por la calle Libreros de Salamanca. Me llama una amigo. Como siempre que voy por esta calle y me llaman por teléfono, le digo a duras penas que estoy en un sitio sin cobertura para el móvil, que ahora le llamo, que sí, que te llamo; no, no digo nada del ramo, que ahora te llamo...¿Antonio? ¿Antonio? Se cortó

Día 20 de octubre: paseo por la calle Libreros. Recuerdo que tengo que hacer una llamada y, mecánicamente, sin darme cuenta de dónde estoy, marco el número en mi móvil. Hablo con la persona con la que tenía que hablar sin problemas a lo largo de toda la calle. Cuando llego al final y cuelgo me doy cuenta de lo que ha ocurrido. Miro el teléfono. La cobertura está a tope. ¿Qué ha pasado? ¿Han servido de algo mis llamadas a Movistar quejándome del servicio? Miro al fondo de la calle y vislumbro el perfil de la entrada de la Universidad antigua. Hace apenas una semana que terminaron las reuniones de la Cumbre Iberoamericana de jefes de estado. Pienso: ¿por qué tenemos que esperar a que nos visiten las "personas importantes" para que se resuelvan nuestros problemas? Los ciudadanos tendrían que luchar para que se celebren cumbres en los barrios más pobres de las ciudades, barrios como San José o Buenos Aires en Salamanca, Lavapiés en Madrid, la Viña o Santa María en Cádiz, las Tres Mil en Sevilla... Aunque igual lo que hay que hacer es suspender la cumbre e invertir lo que se gastan en hoteles de cinco estrellas en mejorar esos mismos lugares. Pero a eso se le llama invertir y lo mismo no sale en la portada de los periódicos, claro...

28 de octubre de 2005

África. Una conversación

Entra en escena el Hombre 1. El Hombre 2 está sentado resolviendo problemas (de física, de matemáticas...).

Hombre 1: Buenos días.

Hombre 2: Buenos días. Usted me dirá.

Hombre 1: Que me he enterado de que van ustedes a promover el desarrollo de África.

Hombre 2: Claro, claro. Es que queremos evitar las oleadas de inmigración masiva esas que quedan tan mal en la tele.

Hombre 1: Ya, ya, si yo le comprendo pero estoy muy alarmado.

Hombre 2: Pues no debería amigo mío. La solución está en marcha. Vamos a hacer que África tenga industria, empresas, capitalismo, televisión y muchos anuncios con sus propios productos y sus propios actores para convertir en ciudadanos de primera categoría a esos que ahora son sólo habitantes indígenas de países pobres. Así no se quedarán embobados viendo nuestras televisiones vía satélite y se les quitarán las ganas de venir aquí a malvivir vendiendo en el top manta o trabajando casi como esclavos.

Hombre 1: Pero si eso es lo que me preocupa, precisamente.

Hombre 2: ¿Cómo?

Hombre 1: Vamos a ver: si usted ayuda a que haya industria en los países pobres de África la gente se va a quedar a trabajar allí y no va a querer emigrar. ¿Cómo consigo yo entonces ser competitivo si no tengo a mi disposición a cientos o miles de inmigrantes que trabajen por dos céntimos y estén dispuestos a vivir en las peores condiciones? ¿Sabe usted lo que va a pasar? Que la fruta la va a recoger Rita, o vamos a tener que ponerla por las nubes para poder pagar los sueldos que cobra la gente legal y no le digo nada de lo que va a subir el coste de las construcciones si le tenemos que pagar a todo el mundo lo que pone en los convenios.

Hombre 2: Ya, pero yo tengo que dar la impresión de que estamos luchando contra la gente como usted que explota a los trabajadores de un modo inhumano.

Hombre 1: No se está enterando. Si damos industria a África van a empezar a producir a un precio mucho más barato que nosotros porque su mano de obra es baratísima. Y no me diga que les freiremos a aranceles. Ya ve usted lo que pasa con China, que al final nos inunda con ropa barata y el pobre de Adolfo Domínguez va a tener que pedir limosna dentro de poco.

Hombre 2: Hombre, pues ahora que lo dice...

Hombre 1: ¿No ve que si dejamos que África tenga industria propia los de aquí vamos a perder competitividad? Tiene usted que dejar de lado esa idea de industrializar a África. Es mucho mejor explotar a un pobre dentro de nuestra casa que competir con un igual que está fuera.Además, así fomentamos la xenofobia y el odio contra los extranjeros y promovemos los sentimientos más bajos de la gente para que no piensen demasiado.

Hombre 2: Es usted muy listo. Tiene razón. Con el miedo metido en el cuerpo la gente suele ser dócil.

Hombre 1: Eso es. Si quiere, de cara a la galería, para que parezca que estamos haciendo algo por esos países, vamos a externalizar la producción de alguna empresa de este país, haciendo que se fabrique allí y pagando sueldos que para nosotros serían de miseria pero que para ellos es lo mejor a lo que pueden aspirar. Así parecerá que los estamos ayudando a desarrollarse aunque, eso sí, los beneficios vienen para nosotros otra vez.

Hombre 2: Hombre, visto así... Además, que ahora que lo pienso tanta industria en un sitio tan salvaje como África lo mismo es malo para la ecología. Hay que evitar la contaminación del planeta ¿no?

Hombre 1: Estamos de acuerdo. La ecología es lo primero.

Hombre 2: No sabe el peso que me quita de encima.

Hombre 1: No sabe el peso que me quita de encima.

26 de octubre de 2005

Las desconexiones locales me ponen nervioso

Escucho la radio todas las mañanas y cada vez que hay una desconexión local me pongo nervioso. ¿Las causas? Por un lado escucho una cadena nacional que emite desde Madrid o Barcelona para saber que estoy en un mundo amplio, para salir por unas horas de esta ciudad pequeña donde me afixio bastante a menudo. La desconexión local me recuerda que estoy aquí y me cierra por un momento la ventana que he abierto.
No me gusta, por otro lado, cómo se hacen los noticiarios locales. La música que usan es radicalmente diferente de las habituales de la cadena. La música que han escogido para el local es pesada, antigua, cursi. No deja de sonar mientras leen las noticias, como si tuvieran miedo de que la realidad que cuentan se les fuera a rebelar sin no la mitigan de ese modo. Luego, cuando leen la prensa local del día cambian la música y ponen de fondo una melodía de nuevo antigua, de nuevo pesada, más cursi, si cabe, que la anterior.
Las desconexiones dedicadas a publicidad me dejan aún peor. La lectura de los textos, que, sin ser brillantes, son correctos, tiene un tonillo cantarín y un tanto gritón que llega a hacerse molesto por repetitivo. Todo se lee igual, como si fuera lo mismo un coche que un bote de pinturas. Así se pierde la capacidad de los textos para convencer a los oyentes. La realización es básica: en muchas ocasiones una música de fondo escogida sin pensar demasiado y la voz por encima. Supongo que los que contratan la publicidad están contentos sólo con escuchar el nombre de su empresa en la radio, sin pararse a pensar si la manera en que aparecen es la más conveniente.
Me conecto a Internet para ver cómo son las cosas en la emisora local desde donde se emite el programa. Tal vez sea cuestión de que no hay otra forma de hacer las cosas y yo estoy equivocado. Tal vez allí también encontraré las voces chillonas y repetitivas. No, no me equivoco. Quizás sea porque en la capital tienen que competir con otras emisoras dispuestas a comerse su parte del mercado o porque hay profesionales más creativos o más preparados, no lo sé. El caso es que los anuncios son agradables: están bien leidos, bien actuados, bien realizados. No destruyen la ilusión de que el mundo es grande y está lleno de posibilidades.
Me gusta escuchar la radio tal y como la hacen en la capital. Creo que es porque me cuentan la historia que yo quiero escuchar. Una historia que no es más verdad que la que escucho en la emisora local -de hecho, tal vez lo sea menos-, pero que me deja mucho más tranquilo porque me permite seguir pensando que un día me decidiré a salir a buscar un lugar más libre, más hermoso, más dinámico y más amplio donde vivir.

Los veterinarios aseguran que en España hay "riesgo cero" de contagio de gripe aviar por consumo de huevos o pollo crudo

Me voy quedando tranquilo con respecto a lo que escribí antes. Por suerte los pollos crudos que comemos en España son de España, así que no hay problema, ya que las precauciones sólo se aplican a países como Vietnam o Tailandia. Podemos, pues, seguir comiendo el pollo crudo sin temor. La alarma, por cierto, no vino dada por la Comisión Europea, sino por el portavoz de la Agencia de Seguridad Alimentaria, Herman Koeter, quien dijo que "si uno come la sangre cruda de un pollo infectado, el virus no sería completamente destruido en el estómago", pero parece que el virus se transmite sólo por vía aerea, como las antiguas cartas urgentes. Puedo seguir tomándome tranquilamente mi vasito diario por las mañanas.

No se puede comer carne de pollo cruda

Dice la comisión europea (o lo va a decir, al parecer) que desde este momento no se puede consumir carne de pollo cruda para evitar el contagio de la gripe aviar a los humanos. Terrible noticia para mí. Desde este momento tendré que dejar de tomarme esos higaditos rebosantes de sangre que tanto me gustaban para el desayuno o esa piel de pollo recién despegada de la carne y muy fría, que venía muy bien por las mañanas después de haber estado de juerga toda la noche. Estos de la comisión europea me lo ponen muy difícil. Me están abocando al San Jacobo, empanado y frito. Y luego quieren que sigamos una dieta saludable. Así no hay manera...

24 de octubre de 2005

Firefox - Rediscover the web

Firefox - Rediscover the web

Acabo de actualizar mi navegador Mozilla Firefox, sin duda mucho más agradable de usar que el Explorer. Por probar no cuesta nada y lo mismo te gusta...

23 de octubre de 2005

Segunda vez que visito mi blog

Desde marzo hasta ahora han cambiado tantas cosas... Se puede decir que he vivido al menos una de mis vidas de gato. Mi segunda visita a mi propia bitácora. Es posible que ahora me dedique a ella con más asiduidad. A fin de cuentas es un modo de confesarme.
Escucho a Antony and the Johnsons y me encuentro conmigo. La voz de Antony es tan especial. Uno escucha el disco y sale transformado. Recupero a Vic Chestnutt. Los pongo juntos en mi mp3. Demasiada intensidad. No sé si dormiré tranquilo esta noche.